La apatía (del concepto latino apathīa) hace referencia a la dejadez, la indolencia y la falta de vigor o energía. Se trata, en otras palabras, de la impasibilidad del ánimo, reflejada en la carencia de entusiasmo y motivación.
La apatía es un término acuñado por la psicología para nombrar a un estado de indiferencia, en el cual la persona no responde a aspectos de la vida emocional, social o física. De acuerdo al nivel en que se presentan estos síntomas, se habla de depresión (nivel moderado), apatía clínica (nivel elevado) o trastorno de identidad disociativo (nivel extremo).
La apatía incluso puede ser específica hacia una persona, una actividad o un entorno. En estos casos es una reacción ante el estrés. La apatía también puede aparecer como una falta no patológica de interés en aquellas cuestiones que el sujeto no considera importantes.
Aunque, en el diagnóstico clínico, la apatía no indica pereza, el uso coloquial del término establece una correlación bastante directa. Para la religión, la pereza es un pecado capital que conduce a una mayor disociación con la vida y la presciencia u omnisciencia. En este contexto, la apatía y su disociación equivalen a un estado en el que el espíritu está destruido.
De todas formas, el concepto de disociación es controvertido. Algunas religiones, como el budismo, practican la meditación para alcanzar un estado de extrema indiferencia y luego beneficiarse de la experiencia. Hay teólogos que se oponen a la búsqueda de este nivel de apatía y lo denominan disociación.
sábado, 23 de julio de 2011
lunes, 11 de julio de 2011
El primer corte es el más profundo
Todo se reduce a unos muros: el que debo saltar para acabar mis prácticas, el que debo sortear para poder entrar en un quirófano y luego está el más importante, el que te separa de la gente con la que trabajas. No ayuda a coger confianza, ni a hacer amigos... debes levantar un muro que te separe del resto del mundo. Cierta gente es demasiado peligrosa y todo se reduce a unos muros que levantas con arena rogando que nadie los salte.
En algún momento hay que decidirse. Los muros no mantienen a los demás fuera sino a tí dentro. La vida es un caos, somos así. Puedes pasarte la vida levantando muros o puedes vivirla saltándolos. Aunque hay algunos muros demasiados peligrosos para cruzarlos. Y lo único que sé es que si finalmente te aventuras a cruzar, las vistas al otro lado son fantásticas.
En algún momento hay que decidirse. Los muros no mantienen a los demás fuera sino a tí dentro. La vida es un caos, somos así. Puedes pasarte la vida levantando muros o puedes vivirla saltándolos. Aunque hay algunos muros demasiados peligrosos para cruzarlos. Y lo único que sé es que si finalmente te aventuras a cruzar, las vistas al otro lado son fantásticas.
Quiero volver al pueblo para retomar hábitos como el de la foto. Quiero volver para sentirme un poco más yo y un poco menos como me siento ahora. Quiero volver a bailar esta canción en el lugar de siempre con la misma gente.
domingo, 10 de julio de 2011
Hoy
Hoy he caído en la cuenta de que hace mucho que no escribo. No escribo, luego no expreso mis sentimientos. Antes solía hablar de cómo me sentía con mis amigas, con mi novio... también enviaba algún que otro mensaje a alguien dándole las gracias por la tarde que habíamos pasado o diciéndole lo increiblemente importante que era para mi. Ya no. No hay mensajes, aunque he de decir que suelo dar las gracias a la cara. Y de todo esto me he tenido que dar cuenta al leer un texto que mi amiga R. había escrito. Me he sentido rara, aunque últimamente me siento así. Siempre he sido de esas personas que tienen las cosas claras y en orden en su cabecita. Últimamente no. Y para volver a profundizar un poco más, voy a pegar a continuación un texto que escribí el 6 de febrero de 2009.
Me vuelvo a encontrar con otra contradicción más: el texto es una metáfora pura, metáfora escrita por mí.
"Durante todo este invierno tu cuarto se ha mantenido en la penumbra, en la más absoluta oscuridad. Todo estaba desordenado, hecho un verdadero caos. La tristeza te ha acompañado todo este tiempo y, aunque lo sabías, pasabas a su lado como si nada, como si no tuviera nada que ver contigo. Algunas veces se habían atisbado un par de rallos de sol llenos de risas, alegrías e incluso de humor y tú podías ir sobreviviendo cada día con eso. Aprendiste a no pensar demasiado, algo en tí increíble puesto que siempre te has caracterizado por preocuparte demasiado por todo, por ser incluso a veces extremadamente neurótica. Andabas por las calles mirando al cielo, a los pájaros, a los gestos de las personas y te fijabas en los detalles más insignificantes, pero no pensabas en nada. Incluso en las noches que siempre se habían dibujado de preocupaciones, de insomnio ante acontecimientos de tal envergadura... aprendiste a quedarte dormida justo en el instante en el que cerrabas los ojos.
Un día te levantas y piensas que todo va a seguir igual... ¿y qué más da? Ya te habías acostumbrado a ese estilo de vida. Pero ese día es distinto y después de tantos meses, tu coraza se rompe al oír pronunciar aquellas palabras. Rompes a llorar y te das cuenta de que cualquier momento es bueno para repetirlo de nuevo. Todo lo que tú habías creado para mantenerte fuerte se rompe y no sabes cómo actuar. Es más, los fines de semana en los transcurrían las tardes caminando por el parque cogida de la mano de la persona que te llenaba de vida tienen que posponerse durante una temporada.
Entonces, ¿qué haces?, ¿cómo reaccionas? ¿qué cambias?, ¿en qué piensas? No tienes ni idea, lo irás averiguando día a día.
Este fragmento va dedicado a aquellas personas que por circunstancias de la vida tienen que ser fuertes hasta tal punto de ser identificadas incluso como “personas frías”, no porque ellas quieran, sino porque si no eres así, las circunstancias pueden contigo."
Un día te levantas y piensas que todo va a seguir igual... ¿y qué más da? Ya te habías acostumbrado a ese estilo de vida. Pero ese día es distinto y después de tantos meses, tu coraza se rompe al oír pronunciar aquellas palabras. Rompes a llorar y te das cuenta de que cualquier momento es bueno para repetirlo de nuevo. Todo lo que tú habías creado para mantenerte fuerte se rompe y no sabes cómo actuar. Es más, los fines de semana en los transcurrían las tardes caminando por el parque cogida de la mano de la persona que te llenaba de vida tienen que posponerse durante una temporada.
Entonces, ¿qué haces?, ¿cómo reaccionas? ¿qué cambias?, ¿en qué piensas? No tienes ni idea, lo irás averiguando día a día.
Este fragmento va dedicado a aquellas personas que por circunstancias de la vida tienen que ser fuertes hasta tal punto de ser identificadas incluso como “personas frías”, no porque ellas quieran, sino porque si no eres así, las circunstancias pueden contigo."
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