Llevo un par de semanas algo tristona, algo cabreada, tremendamente reflexiva. Soy de ese tipo de personas a las que las preocupaciones se les notan en la cara, gracias a lo tremendamente expresiva que soy desde pequeña. Tengo que admitir que no sé qué me está pasando, pero que últimamente aparento lo que no soy.
Desde la tercera semana de octubre me notaba en un estado de ánimo muy raro. No sabía qué me estaba sucediendo y eso me afectaba. Quería saber qué me sucedía para poder ponerle remedio. Hace ya tres días que llegué a la conclusión:
Desde pequeña siempre he sido “la niña nueva de clase”. Desde parvulitos hasta sexto de primaria pasé por cuatro colegios de distintas localidades. Recuerdo que una vez, cuando viaja en la parte trasera del coche de mis padres les pregunté que qué tenía que responder cuando alguien me preguntaba de dónde era. Mis padres no supieron responder o no me convencieron. Cuando llegué a casa de mi tía (en mi pueblo) se lo pregunté a ella y me dijo:
- ¿Cuál es el lugar donde más tiempo has estado?.
- Aquí en el pueblo- le respondí.
- Entonces tienes que responder que eres de... .
- Sí, pero es que yo no nací aquí.
- Uno no es de donde nace, sino de donde se ha criado y ha crecido.
Hace once años que llegué a mi ciudad, y como siempre tuve que hacer nuevas amistades. Luego llegó el instituto y allí volví a cambiar de amistades. Allí fue donde conocí a los 14 años a mis dos amigos de este lugar. Recuerdo que éramos una pandilla de 7 personas pero terminamos siendo tres personas inseparables: dos chicas y un chico.
Luego fui a la universidad y conocí a mis amigas actuales. Aún conservaba a D. y A. porque yo siempre he pensado que la amistad es para toda la vida, incluso llegué a quererlos y considerarlos como dos miembros más de mi familia.
Más tarde A. se lió con un chico y se ennovió (no sé si está bien dicha la palabra o no). Pasó de nosotros dos porque lo único que le importaba era su chico. Por aquel tiempo me dolió y me calenté mucho la cabeza pero continuaba teniendo a D. y a mis psicólogas aquí en mi ciudad, así que me bastaba tenerlos a ellos. Más tarde D. se fue a estudiar a Valencia y A. rompió con su chico. Ella se dio cuenta de lo que había perdido al conocer a aquel gilipollas. Yo jamás le eché nada en cara porque con volver a tener la amistad que tenía anteriormente y pasar tiempo a su lado me bastaba. Era muy feliz.
Con el tiempo empecé a tener menos relación con D. Él decía que si las distancia deterioraba las relaciones, que si no podía contarme lo que le sucedía porque yo no conocía a sus nuevos amigos... en fin, tonterías para mí.
Ahora A. está con un nuevo chico y de nuevo se ha vuelto gilipollas. Recuerdo cuando criticaba a su amiga Laura porque pasaba todo el tiempo con su pareja y les decía a sus amigas que ella sólo tenía tiempo para su pareja, su familia y sus estudios. Recuerdo que A. la criticaba diciendo que eran tonterías, que las amigas estaban para siempre... que estaba actuando como una niñata. Pues parece ser que ella no recuerda lo que me decía entonces. Parece ser que solamente en su vida está su novio y que las amigas no son para siempre. Parece ser que ella era del tipo de personas que una vez que se ennovian se olvidan de todo lo demás... y yo, la tonta, no me he dado cuenta hasta ahora.
Pensaba que iba a cambiar porque... ¿cómo iba a hacer lo mismo dos veces?. Pues sí, ella es así y yo no he sabido o no he querido darme cuenta de la cruda realidad. Quizás porque era mi amiga y ante todo era y es una de las mejores personas que he conocido, al igual que D.
Y lo que más me duele y me molesta de todo es que se va sin decir adiós. Se va dándome esperanzas de vernos pasado mañana, de quedar para salir de fiesta, de irnos las dos a cenar.
Como contaba al principio, llevaba dos semanas rara. No sabía qué me sucedía pero algo estaba cambiando dentro de mí. Estaba triste y me refugiaba en las risas de mis amigas, en los momentos que pasaba con ellas para olvidarme de todo, para estar bien.
Siempre que respondía, siempre que hacía algo necesitaba la aprobación de alguien para que me diera la seguridad de que estaba haciendo lo correcto. Sentía (y continuo sintiendo) que todo lo que tocaban mis manos acababa rompiéndose, que todas las palabras que salían por mi boca hacían daño a la persona que tuviera en frente. Dudaba, por primera vez, en la amistad. Y me duele dudar en cosas en las que siempre he creído. Dudo y me duele. Dudo de si mañana continuaré teniendo las amigas que tengo ahora. Me duele. Me duele no estar como siempre estoy, con una sonrisa en la cara. Me duele quererlas como las quiero y pensar que quizás mañana no las llamaré para preguntarles cómo están o qué se cuentan.
Y ahora entiendo a qué viene toda esta inseguridad. Ahora entiendo por qué me fui en el puente del Pilar a mi pueblo y no me quedé aquí para asistir al cumpleaños de D. Ahora es cuando comprendo que inconscientemente llevo un tiempo tomando decisiones que jamás antes he tomado, decisiones irrevocables. Ahora es cuando no voy a estar siempre esperando a que ellos vuelvan cuando ellos deseen hacerlo. Es a partir de ahora cuando voy a aprender a decir “no”.
Y sé que decir “no” me va a costar muchísimo porque jamás he sabido decir esa palabra a la gente que quiero, pero como todo en esta vida, las personas cambiamos y vamos creciendo y aprendiendo de nuestros errores.
Sé que todo esto se me pasará y que posiblemente mañana me ría de ello. Pero hoy por hoy no puedo decir lo mismo. Dudo.
A mi -y creo que hablo por todas- no me vas a perder nunca, del verbo NUNCA. =)
ResponderEliminarTe quiero florecilla de la canela.